Catedral de Ourense

La diócesis de Ourense  se forma en el siglo VI impulsada por la figura de San Martín Dumiense, que colocaría  como obispo de la sede ourensana a Witimiro, o Witimer.  No pudiendo precisarse las características del primer templo martiniano, lo suponemos sencillo y situado en el lugar que ahora ocupa el templo de Santa María Nai, copatrona de la ciudad.

Los principales impulsores de las obras de la Catedral de Ourense fueron: Don Diego de Velasco, (1110-1132), Don Pedro Seguín, (1157-1169), Don Alfonso I (1174-1213) y Don Lorenzo (1218-1248).

Presenta planta de cruz latina, con tres naves separadas por pilares cruciformes, arcos formeros doblados y apuntados, rematando con la primitiva cabecera de triple ábside (de los que hoy queda solamente el central, mutilado). La naves están cubiertas por una bóveda de crucerí­a con baquetones cruzados en la nave central y de aristas en las laterales.

Catedral de Ourense

Al templo se accede por por tres entradas, dos de ellas situadas las fachadas norte y sur del crucero, y la entrada principal que brinda acceso al nártex del Pórtico del Paraiso. La estructura de las dos fachadas de los brazos del crucero debió ser semejante, pero el ataqué del conde de Benavente al conde de Lemos que se habí­a hecho fuerte en su interior (1471), provocó graves daños en esta zona, por lo que en 1474 se procedió a la recomponer la portada románica original que actualmente presenta un conjunto heterogéneo, mezcla de románico y gótico. Esta fachada está presidida por un rosetón de tracerí­a gótica bajo el que se encuentra la portada que, dividida en dos cuerpos, muestra en la parte superior un arco de medio punto. El tí­mpano está ocupado por la figura de la Virgen sentada bajo la cruz sosteniendo a Jesús en el regazo. A los lados Marí­a Magdalena, San Juan, Santiago San Pedro y San Martí­n a caballo. La puerta tiene cuatro arquivoltas. La exterior está sostenida por estatuas-columnas, las dos centrales por columnas acodilladas con fustes helicoidales y la interior por jambas molduradas y mochetas esculpidas.

La fachada sur del crucero esta flanqueada por dos torres, aunque sólo una de ellas, la del reloj, sobresale del cuerpo de la catedral.Esta fachada esta formada por dos cuerpos superiores, el más alto nos muestra un pequeño rosetón y un alero con arquillos peraltados; el inferior un arco de medio punto con un tí­mpano liso. La puerta destaca por la rica decoración de las tres arquivoltas y sus respectivos capiteles. La cornisa de esta fachada presenta una hilera de almenas lo que denota la función defensiva de la construcción, adoptada por otros muchos edificios religiosos coetáneos.

El cimborrio, gótico renacentista, fue añadido en el siglo XV por Rodrigo de Badajoz.

Fue declarada monumento nacional el 3 de junio de 1931 y tiene honores de Basí­lica desde el año 1887.

Capilla Mayor

El retablo mayor fue obra de Cornielis de Holanda(1520) y muestra escenas de la vida de María y Jesús. Pueden llamar la atención las figuras blancas que parecen de alabastro pero que son producto de una restauración del XIX en que se decidió pintarlas de ese color. A ambos lados, unos colaterales barrocos (Castro Canseco, 1716) que representan el martirio de los Santos Facundo y Primitivo, y a Santa Eufemia. En la parte inferior, la sillería baja del coro renacentista trasladada desde la nave central. Dos pinturas del salmantino Pitti (s. XVIII) y dos sepulcros: el del cardenal Quevedo (s.XIX) y el sepulcro del Obispo Desconocido (gótico, s. XIV). El cimborrio (Rodrigo de Badajoz, 1505) y las rejas (Celma, fines s. XVI) completan el conjunto.

Capilla del Santo Cristo

Un Cristo gótico de gran realismo (pelo natural, que tal vez dio lugar a la leyenda de que le crece el pelo) al que la gran devoción popular decidió construirle una capilla en el siglo XVI con un segundo cuerpo un siglo después. Y será en el periodo barroco cuando se decore. Primero con el baldaquino de Domingo de Andrade, y luego, con los retablos y tallas de Castro Canseco. Se completa el conjunto con parte de la sillería coral renacentista trasladada desde el centro de la nave mayor. Sus autores son Diego Solís y Juan de Anges.

En la parte trasera del camarín, la venerada imagen de la Dolorosa atribuible a los hermanos Sierra, discípulos de Gregorio Fernández de la escuela de Valladolid.

Pórtico del Paraíso

Construido poco tiempo después del ejemplo compostelano, que le sirve de modelo, en el siglo XVI sufrió graves mutilaciones y transformaciones: las bóvedas del nártex fueron sustituidas por otras estrelladas; el arco central, así como los laterales de medio punto, perdieron los tímpanos que fueron sustituidos por un decorado marco pétreo entre tracerías góticas y en el que se halla la figura de San Martín a caballo.

De la obra original se conserva la arquivolta del gran arco central que contiene, en disposición radial, las figuras de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, así como el pilar con un capitel esculpido en el parteluz. En los arcos menores, las arquivoltas representan figuras alusivas al Juicio Final en el lado de la Epístola y decoración vegetal en el lado del Evangelio.

Los arcos descansan sobre columnas a las que están adosadas estatuas que representan a apóstoles profetas, y respetan un orden similar al de Santiago. Son figuras rígidamente corpóreas; los ropajes caen en ritmos paralelos en tanto los rostros asumen, carentes de toda expresividad, su papel representativo.

En época bastante posterior (1857) se adosó al parteluz del pórtico, sobre un elevado zócalo, una escultura pétrea románica que representa al Apóstol Santiago con la acostumbrada cartela en la mano izquierda y una espada metálica en la derecha. En los costados del nártex existen dos altares con sus retablos. El del costado sur exhibe uno del siglo XVIII en el que se venera una imagen pétrea del XVI, policromada y sedente, de la Virgen con el Niño, conocida como Nuestra Señora del Paraíso, obra del siglo XVI. En el retablo y el altar, también barroco, en el costado izquierdo, nos encontramos con una imagen de San Francisco Blanco de Tameron.

Museo Catedralicio

El museo catedralicio está situado en la Claustra Nova, antiguo claustro gótico nunca completado (fines s. XIII-inicios s. XIV).

Entre los tesoros que conserva cabe destacar la arqueta relicario de San Martín (arte limosino, 1200), la cruz procesional (atribuida a Enrique de Arfe. 1515), la cruz de azabache (de un taller leonés. 1497), el misal Auriense (Monterrey. 1494), el tesoro de San Rosendo (s. X-XIII) y la custodia procesional (Montanos. 1604).

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  • Románico de transición

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